“Había una vez un rey que no encontraba la manera de ser feliz, pues aun cuando tenía todos los placeres a su alcance debido a su inmensa riqueza, siempre se sentía vacío y nunca estaba satisfecho con lo que poseía. Tal era su infelicidad que admiraba a uno de sus empleados más pobres, que sin importar su condición económica, irradiaba dicha y gozo sincero por la vida. Motivando por lo anterior, fue a consultar con el sabio del reino quien le dijo:

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